lunes, 1 de marzo de 2010

» La hora de merendar


Sé lo que es la vida porque la he visto, no porque la haya sentido. Soy un duende, ¿recuerdas? Un narrador omnisciente que colecciona las sonrisas, que las toma prestadas, las derrite y las hace caramelo; suelo colocarlas en una bandeja, para luego, a la hora de merendar, servirlas de acompañamiento junto con el té.

Un buen duende como yo también es amante de las miradas, y con ellas hago el té que estás tomando; capto su esencia y la meto en sobrecitos que luego tiñen de sabor la blancura de la leche. Es por eso que tengo tantas clases de té: menta, almendras, chocolate, miel… Espero que no te hayas olvidado añadirle dos terrones de azúcar, porque están hechos de besos en la mejilla.

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