domingo, 4 de julio de 2010

» El contador de historias


"Quizá la fama sea el paraíso que muchos esperan al morir; yo me contento con que las larvas no aniden en mi cráneo. Puede que pienses – si es que todavía conservo la capacidad de hacer reflexionar a otros con mis palabras – que sólo son elucubraciones de un viejo amargado, y quizá, o mejor dicho, casi con total certeza, tengas razón. La vejez tiene ese efecto sobre las mentes de los grandes pensadores: todo termina pareciéndonos incómodo y banal. Algunos se van con la sensación de haber vivido en un mundo repugnante que lo seguirá siendo cuando ellos no estén; yo por mi parte, prefiero mofarme de él hasta que la muerte me invite a bailar con ella. A mis años el verso ya no cae al alma como al pasto el rocío, pues el pasto no es sino amarga estepa, y sólo tengo la ocurrencia de pensar que Dios debe sentir envidia de los mortales por el mero hecho de serlo y poder morir.


Los niños solían llamarme el cuentacuentos, los demás el contador de historias. Yo sencillamente me consideraba el Creador. Lo cierto es que siempre fui Lauro Benassi, sin sobrenombres fortuitos ni apelativos prejuiciosos."

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