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Yo también arrastro una sombra amarrada a mis pies; aquella que respira, siente y se evade conmigo. Aquella que sólo sabe expresarse a través de líneas inconexas cuyos vacíos transmiten más que sus palabras. Cadencias de lo que un día fue muerto y ahora podrido, y espera sin tiempo ni lugar en el que situarse el verso en forma de latido.
Lázaro, deberían nombrarla.
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