"Empecé a escribir a los once años, y me atrevería a decir que fue por mero aburrimiento. Siempre he considerado el arte como la necesitad de plasmar bellamente lo que nos rodea a fin de poder observar el mundo con renovados ojos, simplemente porque ya todo nos empezaba a parecer predecible y banal. Si a este hecho le sumamos el incansable afán del ser humano por expresar enteramente todo aquello que acontece en su alma ante los demás y ante sí mismo, hela aquí, la ocurrencia en forma de paraísos terrenales.
En realidad, creo recordar perfectamente que el motivo de que creara mis primeras líneas no fue otro que la búsqueda de una lectura que agradara al pequeño Lauro de por aquel entonces. Hacía apenas tres años que hube de dar el paso de sumergirme en mi primera lectura no obligatoria, y ya me encontraba insatisfecho en aquel mundo editorial. Tantas veces oí aquello de "si quieres que algo salga bien, has de hacerlo tu mismo" que la expresión me acosaba en sueños. Así pues, Lauro el Desencantado se lanzó sin pensarlo demasiado al mundo de la escritura creativa.
No habían pasado cinco años cuando comenzó a pensar que aquello no era lo suyo."

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