Marina, luz entre mis sombras, reclamo de mis sentidos. Tu recuerdo se revuelve en mi subconsciente hasta hacer estallar la puerta de mi memoria e inundar con su apacible marea cada uno de mis sueños y vigilias. Marina, incluso tu nombre acaricia mis oídos, y por un momento me ensimismo imaginando que tus rizos caoba caen por mi espalda mientras acercas tu primoroso rostro a la comisura de mis labios. Tu beso trae a mi piel una descarga cálida que primero percibo cerca de los labios, luego en la mejilla, y por último en la sien. Siento cómo tu nariz roza el cabello erizado de mi nuca al tiempo que tus manos juguetonas se deslizan palpando mi rostro y bajan hasta mi pecho haciendo escala en mi cuello e invitando a tu boca a él. Me susurras "háblame", y te hablo, "sígueme", y te sigo, "bésame", y te beso. Y pienso que sigo siendo un autómata entregado a tus antojos y deseos, aunque hayan pasados tantos años de soledad entre tu recuerdo y mi cadáver. Marina, ¿cómo olvidar tu piel de mármol o tu mirada de granito, dura como él pero al tiempo cálida como sólo tuya podía ser? ¿Cómo no desear despertarme todas las mañanas con tu sonrisa de cereza o las pecas de tu rostro cerca? ¿O con tus pestañas empapadas por las aguas que recorrían tu rostro con sendas plateadas? ¿Acaso pretendes que ignore que ya nunca más no las podré secar ? Marina, sólo tu calmabas mi sed, sin ti necesito de una estela que me guíe entre las olas de tu ausencia.
domingo, 22 de agosto de 2010
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